Mar. Oct 4th, 2022

Catorce futbolistas despedidos de la plantilla y la salida del primer entrenador. Estas fueron las consecuencias de uno de los episodios más tristes en la historia del Barça, el llamado Motín del Hesperia.

La inestabilidad deportiva del club: contexto del Motín del Hesperia

Nos remontamos a finales de la década de los 80, concretamente al año 1988. El Barça, presidido por el mítico Josep Lluís Núñez y entrenado por Terry Venables, venía de perder la famosa liga del playoff, quedando tres puntos por debajo del Real Madrid, justo un año después de caer en la tanda de penaltis de la final de la Copa de Europa contra el Steaua de Bucarest. La situación deportiva no era la idónea y el inicio de la campaña 87/88 tampoco ayudó a calmar las aguas tras sumar una sola victoria en las cuatro primeras jornadas.

Portada del SPORT tras la final de la Copa de Europa del 1986 (imagen: SPORT.es)

El final de Terry Venables

El próximo encuentro era contra el Athletic Club en el estadio de San Mamés, una salida complicada donde el técnico azulgrana se jugaba su continuidad. Lejos de prepararse al máximo para el partido, Venables decidió dar descanso a sus jugadores y se marchó a Londres en los días previos al viaje a tierras vascas. Tras dicho acontecimiento, Josep Lluís Núñez hizo unas declaraciones donde se avivaron las dudas sobre el futuro del técnico inglés, que en su vuelta a Barcelona se encontró con que había sido cesado del cargo. El sustituto, Luís Aragonés, acompañado de Carles Rexach como segundo entrenador.

Luís Aragonés, entrenador del Fútbol Club Barcelona durante la temporada 87/88

Un futuro incierto

Los inicios del Sabio de Hortaleza tampoco fueron sencillos. Pese a la reincorporación de Schuster a la plantilla, el equipo no mejoraba. Las sonoras pitadas por parte de la afición empezaban a ser demasiado para los jugadores, el técnico y los directivos. En Liga, el cuadro azulgrana terminaría a 23 puntos del Real Madrid y fuera de puestos europeos.

En Europa, las cosas tampoco fueron bien. Pese a disputar la Copa de la UEFA y no la Copa de Europa, el equipo caería eliminado en cuartos de final a manos del Bayern Leverkusen. Además, la eliminatoria ante el cuadro alemán supuso otro desastre. Tras empatar a cero en la ida, cayeron derrotados por 0-1 en el Camp Nou, donde Schuster falló un penalti que provocó el estallido del estadio contra él, a lo que el jugador respondió con un corte de mangas.

Para finalizar la temporada, el Barça se enfrentó a la Real Sociedad en la final de la Copa del Rey celebrada en el Bernabéu, donde el cuadro donostiarra era claro favorito a alzarse con el título después eliminar al Real Madrid. Pese a ello, Luis Aragonés saldría a la rueda de prensa previa a la final muy motivado y, ante el asombro de la afición, dejaría unas declaraciones de confianza total hacia sus jugadores:

“Quien tiene el peso de la historia y los jugadores capaces de ganar cualquier trofeo es el Barcelona”

Pese al derrotismo instalado en Can Barça, las palabras del míster hicieron efecto y los jugadores saltaron al campo con el ansía de llevarse la Copa. El equipo hizo un gran partido y aprovechó el único gol del encuentro, obra de Alexanco, para imponerse por 1-0. Pero dicho título no fue suficiente para aliviar las tensiones que habían dentro del vestuario y la situación no cambió.

Los jugadores del Barça posando con la Copa del Rey de 1988 (imagen: odioeternoalfutbolmoderno)

La tensión fue en aumento

Llegados a este punto y después de introducir el contexto de dicha temporada, toca explicar lo que provocó el Motín del Hesperia.

Una vez ganada la Copa del Rey, parecía que las cosas se podían a empezar a calmar en Barcelona, pero realmente sucedió lo contrario. Los jugadores desafiaron al presidente, con el que llevaban mucho tiempo en desacuerdo por asuntos económicos. Esto se debía al plan que Núñez había ideado un año antes para que los jugadores cobraran más y le costaran menos al club. La idea fue dividir el contrato de los jugadores en dos partes: el 60% del sueldo correspondía a la parte deportiva, que tributaba al 53%, y el otro 40% era por derechos de imagen, con una tributación del 35%.

En aquel entonces parecía una medida innovadora para reducir drásticamente la carga fiscal que debían soportar los clubes, pero Hacienda no tardó demasiado en darse cuenta de que era una práctica ilegal y redujo el porcentaje por “derechos de imagen” a un máximo del 15% del total, por lo que reclamó a los miembros de la plantilla del Barça las cifras restantes para cumplir con la legislación fiscal.

El Motín del Hesperia

Ante esta situación, los jugadores vieron reducidos sus salarios ante el incumplimiento de lo que les había prometido el presidente y reclamaron soluciones a la directiva.

Jugadores como Alexanco o Zubizarreta entablaron negociaciones con Joan Gaspart, vicepresidente del club, y les prometió que resolverían el problema, pero todo resultó una cortina de humo. Tras la final de Copa del Rey, Núñez rechazó las peticiones de sus jugadores y los hizo responsables de su tributación, lo que provocó el famoso Motín.

La tarde del 28 de abril, los jugadores convocaron a los medios de comunicación en el Hotel Hesperia en la víspera del clásico contra el Real Madrid. En la sala de conferencias se encontraban veintidós jugadores sentados, representados por Alexanco, que fue el encargado de leer el comunicado. En este se denunciaba la relación con el presidente del club, hasta el punto de que no les felicitó por la Copa del Rey ganada días antes, y los problemas económicos existentes dentro de la plantilla. Alexanco puso fin a la rueda de prensa con un mensaje hacia los socios de la entidad:

“Aunque la petición de dimisión es un derecho de los socios del club, la plantilla sugerimos dicha dimisión.”

Las consecuencias de la rebelión

El Motín del Hesperia tuvo graves consecuencias en Can Barça. La afición culé se posicionó a favor del presidente y en contra de la mayoría de los jugadores del club.

Acabada la temporada, Luís Aragonés no siguió como entrenador y Núñez se marcó un tanto con la llegada de Johan Cruyff, la cual fue vista como la salvación para el barcelonismo. Tras su llegada, solo 8 de los 26 jugadores de aquella plantilla siguieron en la entidad, entre ellos Zubizarreta y Alexanco, los líderes de la rebelión, que fueron indultados a petición del holandés. Ese mismo verano, Núñez rehízo la plantilla fichando a un total de doce futbolistas, entre los cuales destacaban los nombres de Julio Salinas, Txiki Begiristain o José Mari Bakero.

Quién iba a decir en aquel entonces que el Motín del Hesperia conllevaría el nacimiento del famoso Dream Team, que tantos éxitos cosechó durante la década de los 90.  

Johan Cruyff junto a Josep Lluís Núñez en su presentación como entrenador (imagen: SPORT.es)

Por Ángel Gómez

Redactor en Carpetas Blaugranas.

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