El triunfo del Barça en el Ciutat de València trajo consigo el primer toque de atención en un inicio de temporada perfecto.
Cuando todo el mundo te dice que eres muy bueno, lo más normal es que te lo termines creyendo. Desde que arrancó la Liga el FC Barcelona ha encandilado con su juego y con sus resultados, pasando por encima de todos sus rivales y firmando goleadas con suma facilidad. Eso, añadido al hecho de que en la plantilla culé hay hasta ocho campeones del pasado Mundial, ha convertido el inicio de curso en una alud de halagos hacia el conjunto azulgrana. Prensa, radio y televisión, además de las redes sociales, han puesto por las nubes, y con razón, al equipo de Flick, haciendo creer a todo el mundo que los partidos se iban a ganar sin bajar prácticamente del autobús. Y eso, en el Ciutat de Valencia, quedó confirmado que no será así.
Lo que quedó claro frente al Levante es que, por mucho que dispongas de un 0 a 3 en el marcador a falta de 10 minutos para el final, jamás puedes dar un encuentro por cerrado. Hasta el 75’ el equipo estuvo bien; teniendo el control del juego, sofocando con acierto los arreones del rival y matándolo arriba cuando se generaba alguna ocasión clara. La hora (16:15h) y la sequedad del césped no jugaban a favor de los intereses azulgranas, pero a esto deberá atenerse una temporada más el Barça cuando juegue como visitante, puesto que se utilizará cualquier factor posible para complicarle la vida a los de Flick.
Algunas cosas no cambiaron. Pedri y Rodri siguen de dulce formando un tándem de lujo, Lamine ha dejado atrás la apatía de las primeras jornadas de Liga y Raphinha sigue siendo un futbolista total que, además, se vacía sobre el campo. Pero otras sí fueron diferentes. La defensa volvió a los malos vicios de la temporada pasada, demostrando que sigue siendo el talón de aquiles de este equipo. Y al rival le bastó un plus extra de intensidad y físico para poner en aprietos a los de Flick, que vieron peligrar el triunfo tras encajar dos goles en apenas diez minutos por errores groseros en la zaga.
De las diferentes maneras que hay de recibir un toque de atención, la que se dio ayer es la menos nociva. Puedes darte de bruces con la realidad dejándote puntos, ya sea con un empate o una derrota. Pero en este caso, el Barça recibió ese aviso llevándose el triunfo ante el Levante y ganando con cierto margen en el marcador. Ahora solo falta que la advertencia tenga el efecto deseado. Que Flick siga insistiendo en que, por mucho que cuentes tus encuentros por goleadas, no habrá ningún partido sencillo. Y que los futbolistas entiendan que, a pesar de todos los halagos recibidos tras un inicio de campaña perfecto, deben estar los 90 minutos metidos en el choque. Por mucho que este equipo esté brillando con luz propia, los pies siempre en el suelo. Avisados están.