El equipo de Hansi Flick visitará uno de los escenarios más exigentes del fútbol europeo. El ambiente del Galatasaray está marcado por un récord de 131,76 decibelios, la histórica eliminación del Manchester United en 1993 y las coreografías de su afición.
El FC Barcelona volverá esta semana a Estambul para enfrentarse al Galatasaray, un equipo cuyo estadio se ha convertido en uno de los escenarios más reconocibles del fútbol europeo por la intensidad de sus aficionados. El conjunto azulgrana tendrá que afrontar un ambiente que los seguidores turcos llevan décadas identificando con el denominado ‘infierno rojo’.
No será la primera experiencia del Barça en este escenario. En marzo de 2022, el equipo dirigido entonces por Xavi Hernández visitó al Galatasaray en la Europa League y consiguió una victoria por 1-2, recordada especialmente por el espectacular gol de Pedri, que recortó dentro del área antes de definir con una enorme tranquilidad.
Sin embargo, la historia del ambiente del Galatasaray va mucho más allá de aquel encuentro. Récords mundiales de ruido, recibimientos intimidantes y grandes coreografías explican por qué jugar en Estambul representa un desafío para cualquier visitante.
Un récord Guinness de 131,76 decibelios
Uno de los episodios más conocidos ocurrió el 18 de marzo de 2011, durante un derbi contra el Fenerbahçe. Aquella noche, los aficionados del Galatasaray alcanzaron los 131,76 decibelios, una marca que fue reconocida entonces por Guinness World Records.
La cifra permite comprender la intensidad del ambiente que puede generarse en el estadio turco. Como referencia orientativa, un nivel de 130 decibelios puede compararse con el ruido producido por un motor de avión a corta distancia.
El actual estadio, conocido comercialmente como RAMS Park, dispone además de una configuración que contribuye a esa atmósfera. Sus gradas son pronunciadas, el público está relativamente cerca del césped y la cubierta favorece la concentración del sonido.
El recibimiento al Manchester United que pasó a la historia
Uno de los capítulos más famosos del Galatasaray se remonta al 3 de noviembre de 1993, cuando el Manchester United de Alex Ferguson viajó a Estambul para disputar un partido decisivo de la Champions League.
La expedición inglesa se encontró con un recibimiento especialmente hostil desde su llegada al aeropuerto. Entre bengalas, cánticos y pancartas, una frase terminó convirtiéndose en símbolo del ambiente turco: «Welcome to Hell», bienvenidos al infierno.
Ryan Giggs, que entonces tenía 19 años, recordaría posteriormente aquella experiencia. Los aficionados rodearon la llegada del equipo, lanzaron objetos contra el autobús y algunos acudieron durante la madrugada a las inmediaciones del hotel para dificultar el descanso de los jugadores.
El Manchester United había empatado 3-3 en Old Trafford y necesitaba un resultado favorable en Estambul. Sin embargo, el partido terminó 0-0 y el equipo inglés quedó eliminado por la regla del valor doble de los goles fuera de casa.
El encuentro también terminó con la expulsión de Eric Cantona, que tuvo que abandonar el terreno de juego escoltado por agentes de policía.
Es importante recordar que aquel partido de 1993 se disputó en el antiguo Ali Sami Yen, no en el actual RAMS Park. El nuevo estadio, inaugurado en 2011, heredó la tradición de su antecesor y mantiene viva la identidad del denominado infierno turco.
Gradas muy cerca del césped y el papel de ultrAslan
La arquitectura del actual estadio también ayuda a explicar su reputación. Las primeras filas se encuentran aproximadamente a 6,2 metros del terreno de juego en los laterales y a 8,2 metros detrás de las porterías.
A ello se suma la actividad de ultrAslan, uno de los grupos organizados de aficionados más conocidos de Europa. Fundado el 20 de enero de 2001, se ha convertido en uno de los principales responsables de las grandes coreografías del estadio.
Sus integrantes coordinan cánticos, banderas, pancartas y mosaicos que transforman las gradas antes de los grandes encuentros. El grupo nació después de la histórica etapa en la que el Galatasaray conquistó la Copa de la UEFA y la Supercopa de Europa en 2000.
El Barça ya conoce este ambiente por su visita de 2022, pero volverá a encontrarse con una afición que considera el apoyo desde la grada parte fundamental de su identidad. El equipo de Flick tendrá que competir en un estadio cuya historia está marcada tanto por el fútbol como por la presión de sus seguidores.