Ayer finalizó en el Palau la temporada más compleja del último trienio. Si bien el curso empezaba con la destitución de Peñarroya, terminaba dándonos una desilusión notable con el final de la efímera segunda etapa de la leyenda Pascual. Y no solo fue el entrenador quien salía, con fuertes aplausos pero sin grandes ceremonias, por alguna puerta del Palau; jugadores importantes como Vesely o Satoransky se sinceraban con lágrimas en sus últimos minutos en pista. El aficionado culer tenía ayer la sensación de vivir el final de una larga decadencia; tal vez de una asfixiante agonía. Se sabía que la amplia derrota en las finales de liga cerraba una etapa.
No hay duda alguna de que, después de la destitución de Saras, la dirección deportiva del club no ha tomado las mejores decisiones para el porvenir de la sección. Willy Hernángomez y su notable sueldo fueron el primero de muchos intentos para reconducir el rumbo, pero su rendimiento ha sido muy inferior a lo esperado. El Barça, después de la marcha de Mirotic y Higgins, ha construido una plantilla corta y veterana con concretos aciertos, como Parra, Brizuela o Punter, pero también con numerosas decepciones. La etapa de Navarro en los despachos del Barça ha tenido un desenlace frustrado. Sin embargo, el club tiene que tener claro que este verano es crucial para la sección.
Y, en paralelo a los rumores de mercado, tiene que existir una reformulación intelectual de lo que significa esta sección y de cómo se debe enfocar ideológicamente. No es fácil competir con la NCAA u otras instituciones que rapiñan las perlas que surgen en los planteles. Pero sí es cierto que el Barça tiene que apostar por una plantilla joven y con potencial, y por un equipo de scouting que sepa ver los talentos que se reparten por Europa; fichar a estrellas treintañeras puede ser de grata ayuda para obtener jerarquía y resultados inmediatos, pero no supone ningún avance para construir una estructura sana en la sección. Un pilar para esta nueva idea podría ser el joven Kusturica; si el Barça apuesta seriamente por él, puede convertirse en un ejemplo de que aún es posible rechazar las seducciones multimillonarias de Norteamérica que otras future stars han aceptado —véanse los recientes ejemplos de Dame Sarr o Sayon Keïta—. Si ayer el Valencia se imponía con facilidad en el Palau, es porque el suyo es un proyecto modélico: talento nacional y un buen ojo en los fichajes, con el de Montero como el más destacado; es un jugador que deslumbra y rezuma genialidad. Jugadores como De Larrea, canterano del Valencia, o Pradilla, que representan lo mejor del baloncesto español, ilustran a la perfección que el talento de proximidad, complementándose con calidad internacional, puede ser extremadamente positivo para la estructura de un club. Eso sí, al Valencia le va a costar mantener sus activos principales durante esta próxima ventana de traspasos; el Barça tiene la potencia en el nombre del club para ofrecer proyectos largos y no ser un equipo trampolín.
Está por ver qué rumbo toma la sección a partir de ahora. Sin embargo, el Barça tiene una gran oportunidad que pasa por repensarse; una idea sólida que defender puede ser la base para armar a medio plazo un equipo competitivo y coherente. Esto también pasa por no tener prisa ninguna; un proyecto en condiciones se construye con tiempo y dedicación. El aficionado culer y amante del baloncesto debe pedir al club que, antes que los títulos y las superestrellas, se priorice una gestión seria y profesional para volver a competir con los grandes a medio o largo plazo.