Lamine Yamal, consagrado como futbolista top sobre el césped, debe decidir cómo quiere comportarse en lo extradeportivo.
Si tiramos la vista atrás, retrocediendo hasta cuando teníamos 18 años, puede que empaticemos a la perfección con Lamine Yamal. A esa edad, en la que marcas un par de goles jugando con los amigos y te crees la reencarnación de Maradona, se es por naturaleza ingenuo, impetuoso e irreverente. Si eso nos pasaba a nosotros, que no habíamos empatado con nadie, imaginémonos pues lo que debe sentir un chaval que ya es campeón de Europa a nivel selecciones, de Liga y Copa con el Barça y que se ha quedado a las puertas de ganar su primer Balón de Oro. La sensación debe ser tal que puedes llegar a creerte el rey del mundo, una nube de la cual solo te bajan los buenos consejos de un padre, cosa que no parece que vaya a recibir, y las ostias que te pueda dar la vida.
Lamine no anduvo fino en las declaraciones pre Clásico. Creo que una buena parte del barcelonismo así lo entendió también, aunque pocos las criticaron manteniendo la esperanza de que el chico volviera a llevar en volandas al Barça hacia el triunfo. Pero a la hora de la verdad, el escenario no era el ideal para hacerse el bravucón. Primero porque los de Flick no andaban finos en cuanto a juego se refiere, segundo porque el equipo estaba plagado de bajas, tercero porque el propio Lamine, debido a su reciente pubalgia, tampoco venía marcando las diferencias y cuarto, y quizás más importante, porque sobre motivaba a un rival que, no lo olvidemos, llevaba cuatro clásicos mordiendo el polvo ante los azulgranas.
Eso sí, el Real Madrid y su afición quedaron, una vez más, retratados el pasado domingo. Tanto público como jugadores la tomaron con un chaval que, como he dicho antes, pecó de ser lo que hemos sido todos con 18 años. Toda la ira y la frustración acumuladas a lo largo de los anteriores Madrid – Barça emergieron hacia un objetivo concreto; un Lamine Yamal que habrá tomado buena nota de lo sucedido para saldar cuentas pendientes en un futuro. Lo que pasó el domingo no sorprende a nadie. Para el Santiago Bernabéu y sus futbolistas, un Leo Messi que solo hablaba sobre el césped y jamás alzó la voz fuera de él, fue alguien tremendamente odiado por todo lo que les hizo pasar. Imagínense pues la animadversión que les generó un crío que los ha tenido bailando meses y que osó coger un micro para criticar al club merengue.
Con la calidad futbolística de Yamal fuera de toda duda, y con la seguridad de que volverá a su prime en breve, le toca al de Rocafonda decidir la dirección que quiere tomar con sus actos. Si quiere ser un futbolista que deje pocos titulares fuera del verde pero hable, y mucho, sobre él, al más puro estilo Leo Messi. O, si por el contrario, busca ser protagonista también por factores extradeportivos, siendo el centro de atención por temas que nada tengan que ver con el juego, algo que sucedió en su día con Neymar Jr. El primero tiene siete Balones de Oro y el reconocimiento de todo el mundo del fútbol. El segundo, demostró ser un jugador espectacular sí, pero al que sus compañías, extravagancias y su alocado modo de vida lo privaron de marcar una época con su juego. Lamine, a pesar de tu juventud toca tomar una decisión extremadamente importante. De ella puede depender el futuro del fútbol.