El fichaje llegó como solución para el centro del campo
Cuando Joan Laporta y Deco anunciaron su incorporación, lo presentaron como un fichaje estratégico, capaz de aportar jerarquía y calidad inmediata. Era un jugador contrastado en la élite, con títulos internacionales y experiencia para liderar la medular azulgrana. Pep Guardiola fue uno de sus grandes avalistas: aseguró que el Barça había conseguido un líder indiscutible.
La gran apuesta que nunca funcionó
En su primer curso como azulgrana, tuvo minutos por la plaga de lesiones en Pedri, Gavi y De Jong. Xavi Hernández lo situó como titular habitual, convencido de que podía convertirse en referente. Sin embargo, su rendimiento estuvo muy lejos de lo prometido: irregular, sin peso en los partidos grandes y con poca influencia en el juego.
La afición empezó a perder la confianza y, dentro del vestuario, crecían las dudas sobre su capacidad real. El Barça esperaba liderazgo, pero se encontró con un futbolista incapaz de asumir responsabilidades en los momentos decisivos.
El adiós con Flick y el regreso al City
La llegada de Hansi Flick al banquillo fue el punto final. El técnico alemán, con nuevas ideas y exigencia máxima, dejó claro que no contaba con él para su proyecto. Apenas un año después de haber aterrizado en el Camp Nou, el club facilitó su regreso al Manchester City.
En ese momento, muchos culés dudaron si era lo correcto, pero el tiempo confirmó que la decisión fue un acierto.
Un fraude también en Inglaterra
Ya de vuelta en la Premier, su nivel no mejoró en absoluto. Guardiola intentó recuperarlo, confiando en el jugador que había brillado en el pasado, pero la realidad fue demoledora. Se convirtió en suplente habitual, perdió protagonismo y acabó siendo una pieza prescindible en el City.
Sus actuaciones fueron decepcionantes: sin chispa, sin influencia en el juego y completamente superado por la intensidad del fútbol inglés. La prensa británica llegó a calificarlo como “uno de los fiascos más sonados de los últimos años”.
El nombre del engaño
El Barça terminó respirando aliviado al ver que su marcha no solo no debilitó al equipo, sino que evitó un problema mayor. El jugador que llegó como estrella no rindió ni en Barcelona ni en Manchester, confirmando que su mejor etapa ya había quedado atrás.
Ese futbolista no es otro que İlkay Gündoğan, la apuesta avalada por Guardiola que terminó siendo un fraude en ambos equipos.