Demasiados futbolistas azulgranas estuvieron alejados de su mejor nivel ante el Real Madrid.
A priori, las bajas del FC Barcelona para medirse al Real Madrid se centraban principalmente en la defensa. Ni Eric García, ni Andreas Christensen, ni Jules Koundé estaban a disposición de Hansi Flick para el Clásico ante los blancos. Pero el resto de integrantes de la plantilla, a excepción de un Dani Olmo lesionado en París, sí podían y debían ayudar a decantar la balanza en favor de los intereses azulgranas. Ahí es donde se fraguó la derrota frente al eterno rival, en el rendimiento de los que sí estaban sanos pero no ofrecieron una actuación a la altura de las circunstancias.
Algo se rompió el martes ante el PSG. No sabemos si la rotura fue individual o colectiva, pero el hecho de verse superados con cierta claridad por un rival afectó anímicamente a un grupo que ha bajado su nivel en pocos días. Ante el Madrid se cometieron errores que no son aceptables en la élite futbolística. El despeje de Gerard Martín en el 0 a 1 así lo demuestra. Pero luego, más allá de los fallos en jugadas puntuales, está el hecho de que varios futbolistas estuvieran a años luz de su mejor versión. Y eso, ante un rival de tu nivel y con Mourinho en el banquillo visitante, se acaba pagando.
La delantera de los cuatro goles por partido no se pareció en nada a la que venía resultando una pesadilla para los rivales. Anthony Gordon está yendo de más a menos en la temporada. Comenzó como una exhalación, mordiendo en defensa y asistiendo en ataque en sus primeras actuaciones con la camiseta culé. Pero, hace ya alguna que otra semana, se dedica tan solo a ensanchar el campo y poco más. Sin desequilibrio, sin incidencia en el juego de ataque azulgrana. Raphinha, por su parte, puede tener la excusa de su reciente lesión, y fue, además, el autor del gol del Barça ante los blancos. Pero no hace falta ser muy avispado para comprobar que, por ahora, el atacante brasileño está lejos de ser el de antes de los problemas físicos.
Vayamos con Lamine. En el duelo con Cururella, como ya sucediera la temporada pasada pero frente al Chelsea, volvió a perder ese enfrentamiento individual. No solo estuvo a leguas de mostrarse como el mejor jugador del mundo, sino que se permitió el lujo de fallar un gol que le hizo rozar el ridículo. Si a ello le añadimos la desaparición de un Fermín que ya suele pecar de ser un futbolista demasiado intermitente, el desesperante desacierto de Pedri en pases que podían y debían resultar sencillos o el poco tino de Rodri a la hora de dotar de equilibrio a la medular, nos queda un Barça falto de sus mejores virtudes.
Flick tampoco anduvo fino, ya que a pesar de ver que sus delanteros no estaban teniendo el día, no movió ficha hasta los instantes finales del encuentro. Y es que para ganar un partido de esta envergadura, esté como esté el Real Madrid, se requiere la mejor versión de los futbolistas azulgranas y de su entrenador. Lo mismo les sucede a los blancos. El domingo, hubo demasiados ausentes por parte culé sobre el césped del Camp Nou. Algunos con una baja médica, pero lo cierto es que la mayoría de ellos resultaron ser ausencias no justificadas que acabaron por hacer imposible el cometido de ganar el Clásico.