Un partido que pasa directamente a la historia del baloncesto europeo
Lo que vivimos ayer en el Palau carece de sentido. Fue una fábula del deporte de una armonía intensísima. Hoy nos despierta la lluvia en la ciudad de Barcelona para desvelarnos que el partido fue real, no una mera ensoñación de ideales sobre este deporte que amamos con toda nuestra alma. Ayer, el Barça ganó en la tercera prórroga al Baskonia, en un partido que se graba inmediatamente en la memoria colectiva de todos los aficionados culers.
El partido empezó mal para los de casa. Este amanecía con unos buenos parciales para el Baskonia, que movía el balón con una rapidez y una inteligencia notables pese a los intensos esfuerzos de la defensa blaugrana de pausar el ritmo de anotación de los contrincantes. Howard y Cabarrot empezaron a dar señales de lo que iba a ser su recital anotativo. El primer cuarto desencajó tanto al público como a los jugadores, que por primera vez desde la llegada de nuestro ídolo Pascual se notaban claramente inferiores a su rival (17-26)
El equipo local llegó a cuotas bajas en los primeros instantes del segundo cuarto. En un bajo momento de forma los de casa se situaron 14 puntos abajo y con una cierta sensación de impotencia delante de una máquina de tiro de los visitantes que no parecía querer estropearse. Se tuvo que trabajar todo el cuarto para recuperar la mala actuación del primero y de los malos minutos del segundo. Las ventajas variaron en un periodo que fue más igualado, pero los de casa seguían muy flojos desde el perímetro. Aun así, los últimos minutos fueron mucho mejores por parte del Barça. Los blaugrana mostraron su cara más enérgica y recortaron una distancia considerable. La mejora en defensa y en actitud también fue digna de reconocimiento. Un gran triple de Punter y otro de un ya recuperado Laprovittola mandaban el partido al descanso, habiendo completado, pese a los primeros minutos, un juego positivo, notablemente mejor que en el primer periodo, y dejando a los suyos a tan solo dos posesiones de igualar el marcador. (47-53)
El tercer tiempo se convirtió en clave para el porvenir del match. Las almas de ambos equipos vivieron el cuarto a flor de piel que se resolvió, y caigo en el tópico, en pequeños detalles. Un gran negativo para el ritmo de temporada del Barça fue la baja de Clyburn, que después de una buena carrera se fue directo al vestuario en lo que parecía un autorreconocimiento de una lesión en el isquio. Después de esto, tanto el equipo como la afición sintieron la llamada de la victoria. El esfuerzo del barcelonismo fue coral para empujar a su equipo a revertir la situación. Pero el Baskonia estaba terriblemente enchufado. Cabarrot y Diakite tiraron del carro para evitar que la intensidad blaugrana le pasara por encima, en uno de los mejores partidos de los vascos vistos esta temporada. El Barça peleó por superarse a sí mismo, pero no consiguió adelantarse en el marcador. Ya aquí, el partido auguraba ser trepidante (70-75).
Entonces, llegaron los tres periodos finales. El último cuarto antes de las prórrogas empezó con el Barça igualando por fin al Baskonia en el marcador después de un gran triple de Miles Norris. Entonces el partido se convirtió en un vaivén del resultado, donde las ventajas iban reduciéndose y el marcador iba decantándose, posesión por posesión, hacia el equipo que más lo atraía. Si se psicoanaliza el Palau, una sensación de angustia estaba reprimida en los culers, quizás por la incertidumbre de que en tiempos pasados estos partidos difícilmente se resolvían con la victoria. Howard anotó un triple tremendo en la última posesión del Baskonia que empató el partido. Howard que, por cierto, no falló ni un solo tiro hasta la prórroga.
Nos fuimos al primer overtime, que no se pudo resolver en cinco minutos. Fue extremadamente reñido y de corta anotación. Punter nos dio los primeros síntomas que intuían el momento aurático que viviríamos en los próximos minutos. Un empate en la primera prórroga daba paso a la segunda.
En el inicio de la segunda prórroga, el Baskonia cogió ventaja ante el cansancio físico de los culers, que afrontaban el cuarto con tres bajas de mucha calidad. A falta de tres minutos, los vascos se pusieron siete arriba, y marcaban la senda que se tenía que seguir para alcanzar la victoria. Pero no se imaginaban lo que iba a hacer Punter.
El americano nos regaló las estrellas en una actuación dirigida a lo más absoluto del espíritu del baloncesto. En un minuto anotó nueve puntos que igualaban el marcador, culminando el cuarto con una bandeja que dejó el crono a una sola décima de segundo. Levantaba el Palau y mandaba el partido a la tercera prórroga con un movimiento espectacular, icónico, que entra directamente en el hall of fame del pabellón blaugrana.
Creo sinceramente que la actuación de Kevin Punter es de las mejores que he visto en mi vida con la camiseta del Barça. Un momento de genialidad que alcanzó cumbres máximas.
Después de este momento eufórico, el Barça resolvió el partido en la tercera prórroga, finalizando el encuentro diez puntos por encima en el marcador. Aunque me repita hasta la saciedad, nunca me voy a cansar de describir las sensaciones que vivimos en este partido. Una performance única que sublimó este deporte. Una demostración de intensidad de ambos equipos, de ansia por la victoria, de compromiso con el triunfo y con los colores de los respectivos escudos.
Un partido que emociona, que consolida, y que pasa directamente a la historia del baloncesto europeo, no tanto por los récords – es el partido de más anotación de la historia de la Euroliga – sino por las sensaciones inolvidables que van a sobrevivir a largos tiempos de jornadas en el Palau Blaugrana.