El Barça demuestra convicción y la mejora es espectacular e indiscutible.
Los viernes por la noche en el Palau se respira un ambiente distinto. Son noches europeas, donde los equipos juegan en un contexto que provoca la aparición de la responsabilidad, y el público destina sus horas de descanso a animar a los suyos, con la confianza de que su equipo va a dar la cara por ellos y se va a llevar el triunfo, portador de la alegría —aunque sea momentánea— dentro de la monótona rutina. Y el Barça empezó valeroso, entregándose a su idea en cuerpo y alma, intenso en defensa e inteligente en ataque, y provocó un buen parcial que ilusionaría al pabellón entero desde los primeros instantes, en el que es probablemente el primer gran encuentro de Pascual en su casa (14-6). Aun así, los griegos, portadores de su espíritu trágico desde tiempos de Homero y Sófocles, no querían despegarse del marcador tan rápido. La exestrella de la NBA, Evan Fournier, anotó tres difíciles triples que igualaron el resultado. El resto del primer cuarto transcurrió igualado, con unos grandes minutos de ambos equipos, en lo que ya auguraba ser uno de los mejores duelos que se pueden ver hoy por hoy en Europa (21-20).
El segundo cuarto fue más pausado, con menos eficiencia en los ataques y con más tiempo detenido. El frenetismo del primer tiempo dejó paso a una cierta solidez de ambos equipos, sin parciales ni jugadas excesivamente rápidas. Con sus habituales rotaciones —a destacar el joven Juani Marcos, que cuenta con más protagonismo que nunca antes en el roster— el equipo aguantó el resultado hasta la falta de tres minutos para el descanso. Un notable Tyler Dorsey se convirtió en el bastión ofensivo de los de Atenas durante los segundos diez minutos, pero Clyburn se llevaba el premio individual en esta primera parte. El americano culminó unos minutos excelentes, recuperando balones y anotando hasta 16 puntos, una cifra espectacular que terminó de ensanchar con su entrada a pista a falta de cuatro minutos para la bocina, lo que supuso un detonante para alargar ligeramente la distancia en el marcador. Los últimos minutos transcurrieron con buen juego de ambos equipos, interferido por una mala actuación de los árbitros, que regalaron, a falta de tres segundos, dos tiros libres al Olympiakos por una inexistente falta de Brizuela. El gran pívot Milutinov, jugador de un nivel excelente, fuerte, seguro e inteligente, anotó los dos tiros libres que acercaron a los griegos a tan solo una posesión de los locales. El Barça se iba tres arriba en el marcador (42-39).
Los primeros cinco minutos después del descanso fueron redondos para los de casa. Perfectos, inimaginables tan solo unos meses atrás, los locales pudieron aumentar su ventaja hasta los 12 puntos, con unas defensas intensísimas y efectivas que limitaron la capacidad anotadora de uno de los mejores equipos de Europa. El Barça estaba enchufado, y el Palau, eufórico.
Clyburn, pletórico, completaba uno de los mejores partidos que se le han visto con la camiseta blaugrana. Él mismo provocó que Bartzokas pidiera un tiempo muerto para recomponer a los suyos. Me gustaría ver sus habilidades de sofista para motivar al equipo, frustrado por no poder romper la que probablemente ha sido la defensa más sólida de los últimos años en Barcelona. El aficionado culé estaba viendo la mejor versión de los suyos en un tercer cuarto magnífico. Punter tenía la última en sus manos para cerrar uno de los mejores diez minutos de los últimos tres años en el Palau. Y no falló. El Barça ganaba al Olympiakos por 16 puntos a falta del último cuarto (72-56).
El Barça empezó con su segundo quinteto. Xavi Pascual ha conseguido que todos los jugadores de su plantilla cumplan con lo que se les pide. Jugadores como Caicedo o Brizuela rinden a un nivel más alto de lo que se espera. Esto permite que el Barça sea compacto, regular, y disminuya los parciales en contra que apenas unos meses antes lastraban los resultados del equipo. En el ecuador del último cuarto, el Barça mantenía una distancia de 19 puntos y seguía rindiendo a un nivel muy superior a su rival, que, sorprendentemente, estaba anulado. El Barça condujo hasta el final del partido a un ritmo controlado y efectivo. El rendimiento del equipo en defensa fue fascinante: anuló por completo a una de las mejores plantillas del continente. Y, en pista ofensiva, el equipo remó en conjunto hacia la victoria.
Aun así, es necesario destacar la actuación de Will Clyburn. Cuesta ver jugadores que muestren tantísima facilidad para anotar en situaciones complicadas. Es absolutamente determinante cuando su genio lo decide. Hay que mencionar también a Punter, que ya tiene más que definido el rol de líder en este equipo. Hoy el aficionado blaugrana sale orgulloso de su equipo y confía en la narrativa de Pascual. Se sabe que en sus manos está el porvenir de la temporada. Demuestra convicción en cada uno de sus movimientos. Y la mejora es espectacular e indiscutible.