El Barça viene mostrando una preocupante falta de puntería, algo que en Europa se paga muy caro.
Cuando las cosas suceden más de una vez dejan de ser una casualidad. En Anoeta, frente a la Real Sociedad, el Barça perdonó innumerables ocasiones para marcharse al descanso con el partido sentenciado. La derrota final escoció por dicho motivo, pero no preocupó en exceso porque quedó claro que el equipo generaba llegadas sin cesar. En el Martínez Valero, ante un Elche valiente, los de Flick volvieron a maravillar creando infinitas situaciones de peligro. Se ganó, y no por la mínima, pero volvió a quedar la sensación de que, con algo más de efectividad en ataque, el resultado pudo haber sido mucho más abultado. Y, como no hay dos sin tres, en Albacete, repitiendo sensaciones al más puro estilo Bill Murray en “El día de la marmota”, los azulgranas volvieron a fallar goles cantados que hicieron desesperar al seguidor barcelonista, viéndose obligados a sufrir en los últimos minutos para superar la eliminatoria copera de cuartos.
No sería justo pedirle a nadie que no se cometan errores. Nos equivocamos por naturaleza, por lo tanto el fallo siempre debe estar permitido. Pero no es menos cierto que el Barça arriba tiene mucha calidad, y que, por tanto, no debería convertirse en habitual tener que generar seis ocasiones claras de gol para acabar transformando solo una. Algunos ejemplos. Ferrán Torres tiene unos números de escándalo, pero da la sensación de que si aprovechara todas las llegadas claras que sus compañeros le generan, estaría luchando por la bota de oro. Dani Olmo nos regala goles que son auténticas obras de arte, aunque luego, para desesperación de muchos, desaprovecha remates que parecen sencillos. O Marcus Rashford, que siempre aporta cosas cuando está sobre el césped, sin embargo, se ha convertido en un especialista a la hora de fallar goles cantados y uno contra unos ante el portero rival.
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Por ahora, por fortuna, esa falta de puntería tan llamativa no ha terminado de pasar factura a nivel de competiciones. Es verdad que el síndrome de la escopeta de feria conllevó una dolorosa derrota en San Sebastián, permitiendo que un Real Madrid en horas bajas se colocara a tan solo un punto en la clasificación. Y que ante Elche y Albacete se hubiera tenido que ganar con más solvencia, dadas las ocasiones generadas. Pero, a la hora de la verdad, ese bache en los metros finales no ha evitado que se siga vivo en Copa, Liga y Champions. Ahora bien, puede que el torneo del KO y la competición doméstica, por la entidad de los rivales, permitan no tener días acertados cara a gol, pero en Europa la cosa cambia. En octavos de final, con toda probabilidad, esperarán PSG o Newcastle, y ante estos dos equipos todo lo que no sea andar fino con las ocasiones creadas será sinónimo de eliminación.
Veremos en los próximos partidos si esta dinámica se repite o si, por el contrario, el Barça vuelve a ser más efectivo cara a gol. Si sucede lo primero será extremadamente difícil que los de Flick sigan avanzando en Champions, no solo porque en Europa los rivales penalizan el error propio, también porque el esquema planteado por el técnico alemán hace muy difícil dejar las porterías a cero. Ambos factores, en conjunto, podrían ser demoledores para los intereses azulgranas. Si sucede lo segundo, y el equipo empieza a ser letal arriba, entonces el FC Barcelona será candidato a levantar la orejona. Porque, a día de hoy, nadie es capaz de crear tantas ocasiones de gol por encuentro como el conjunto barcelonista. Así pues, con la pegada necesaria, ojo a este Barça en competición continental.