Ante el Athletic volvió a verse una presión en la salida de balón del rival que recordó a la de la temporada pasada.
El pasado sábado el FC Barcelona y su afición volvieron a casa. El regreso al Camp Nou resultó, sin ningún tipo de duda, una grata noticia para todo el barcelonismo. Se dio, además, en un día en que todo salió a pedir de boca para los intereses azulgranas. Los aficionados se mostraron entusiasmados con el estadio, el equipo hizo su parte firmando un gran encuentro y se goleó a un Athletic al que, por varias razones, se le tenía muchas ganas. Y además, por momentos, y esto es otro motivo para ser optimistas, el Barça de Flick recordó al de la temporada pasada. Pero esto último, para nada fue una casualidad.
Las bajas de Pedri, por lesión, y de Frenkie de Jong, por sanción, obligaban a alinear un centro del campo de circunstancias. Cosas de la vida, lo que parecía ser un problema importante acabó generando su propia solución. La imposibilidad por contar con ningún mediocentro de generación de juego obligó a alinear a uno de contención, un Eric García convertido en comodín para Flick. El de Martorell fue, junto a Fermín, el jugador más destacado del partido, algo que ya ha sido capaz de hacer actuando también como central y como lateral derecho. Ante el Athletic Eric fue capaz de merendarse él solo el centro del campo bilbaíno, aportando una estabilidad a la medular que, a la postre, fue decisiva para que el partido tuviera un claro color azulgrana.
Un Barça habituado a jugar con dos mediocentros y un único mediapunta pasó a invertir el dibujo habitual. Dani Olmo y Fermín crearon una segunda línea de presión apoyando al tridente atacante a la hora de morder. ¿Resultado? Un Barça más intenso que nunca y un Athletic que en ningún momento fue capaz de sacar el balón desde atrás con claridad. El 1-0 llegaba tras una recuperación de Eric García, y el resto del trabajo coral del equipo hacía que el esférico volviera a ser propiedad culé a los pocos instantes de haberse perdido. Y de ese modo, por fin, el conjunto de Flick recordó al que maravilló el curso pasado, con ese nivel de intensidad difícil de olvidar.
Gracias a las bajas de Pedri y de Frenkie de Jong descubrimos una nueva variante táctica, un dibujo con el que asfixiar más si cabe al rival. Eso sí, un esquema atrevido si enfrente tienes a un equipo que sabe jugar desde atrás. En caso de que el contrario sortee esa primera línea de presión, la retaguardia queda totalmente expuesta. Algo que ante el Athletic sucedió en contadas ocasiones, y que acabó significando una victoria incontestable de un FC Barcelona que empieza a recuperar sensaciones. No era nada nuevo: cuando los de Flick lograran alcanzar la intensidad mostrada el curso pasado serían, de nuevo, un rival temible. Y así ha sido: con la recuperación de la mejor presión ha llegado también el mejor Barça.