Al Barça de Flick le cuesta disparar desde la lejanía, pero cuando lo intenta se demuestra que es una buena opción.
Ante el Levante volvimos a ver un Barça dominante. De acuerdo, la entidad del rival, actualmente en posiciones de descenso, invitaba a pensar que los de Flick volverían a la senda del triunfo tras los varapalos ante el Atlético en Copa y el Girona en Liga. Pero, por mucho que los tres puntos estuvieran destinados a quedarse en el Spotify Camp Nou, había que demostrar sobre el verde que así sería. De la tarde del domingo podemos quedarnos con la ansiada reaparición de Pedri, vital para optar a todo. O con el tanto de Marc Bernal, que demuestra que puede ser un llegador nato. Incluso con la gran actuación de Joao Cancelo, que meterá presión a Alejandro Balde para que éste recupere su mejor versión. Pero yo me quedo con el trallazo de Fermín que rubricó el 3 a 0 final, porque no es la primera vez que nos regala un tanto de belleza similar y porque llegó tras un recurso que, por desgracia, no suele verse demasiado por estos lares; el disparo lejano.
Es así, el brillante juego asociativo del FC Barcelona invita, la mayoría de veces, a no probar suerte desde la lejanía porque puede suponer perder una posesión de balón. Lo entiendo, pero como con todo en esta vida hay que analizar el contexto. Al Barça le gusta generar espacios a través de la posesión, basculando de lado a lado y provocando que la defensa rival esté en constante movimiento. Pero a veces, la aglomeración de jugadores en la zaga del contrario es tal que resulta imposible dar un último pase previo a la finalización. Ahí, en ese preciso instante en el que el equipo no acaba de encontrar la vía para acabar las acciones, es cuando los francotiradores azulgranas deben armar la pierna y probar suerte. Golazos como el de Fermín no suelen verse demasiado, pero este año ya hemos sido testigos de unos cuantos.
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Pedri nos regaló un trallazo descomunal en el Ciutat de Valencia, para iniciar la remontada de la primera vuelta ante el Levante. Marcus Rashford silenció St. James’ Park con un disparo que cerca estuvo de partir en dos el travesaño de la portería de las urracas. El mismo Fermín sorprendió, hace unas semanas, a los checos del Slavia con un soberbio golpeo desde la frontal. Lamine también probó fortuna, y dio en la diana, ante el Mallorca hace un par de jornadas. Y jugadores como Dani Olmo, Raphinha o Eric García también han demostrado sobradamente ser muy peligrosos cuando encuentran espacio para armar la pierna. Por lo tanto, por mucho que la filosofía azulgrana casi obligue a entrar dentro de la portería rival con el balón controlado, entiéndase la exageración, debe ser obligatorio un mínimo de intentonas desde la lejanía por encuentro.
Ojalá en los próximos partidos del FC Barcelona sigamos viendo este recurso tan necesario. En lostiempos de Busquets, Xavi e Iniesta, para mí el mejor centro del campo de la historia de este equipo,apenas se probaba desde la frontal, pero porque el conjunto culé no lo necesitaba. El virtuosismo eratal que con la circulación eléctrica del balón, y la inestimable colaboración de un Leo Messi que se unía a la producción de juego, era más que suficiente para desactivar cualquier defensa. Pero, a díade hoy, la cosa ha cambiado. Vuelve a ser necesario que alguien se atreva, de vez en cuando, apegarle desde lejos. Jugadores para ello los hay, y a las pruebas me remito. El refrán nos dice quemás vale maña, pero visto está que cuando no tienes el día o el partido se complica, la fuerza también puede salvarte.