El Barça de la temporada 2025/26 vuelve a abonarse a las remontadas en lo que resulta un hábito peligroso.
Muy pocas cosas han cambiado en el Barça respecto a la temporada pasada. Vaya por delante que esta es una afirmación hecha desde el positivismo, puesto que cuando un equipo gana un triplete nacional y sigue manteniendo el nivel al siguiente curso, solo pueden dedicársele halagos. A excepción del encuentro ante el Rayo, donde los azulgranas se mostraron muy desdibujados, el conjunto de Hansi Flick sigue transmitiendo muy buenas sensaciones. Sigue presionando arriba como si le fuera la vida en ello, sigue recuperando el balón a los pocos segundos de perderlo y sigue monopolizando el esférico como nadie. Es decir, por suerte, todo parece seguir igual.
Algo que tampoco parece haber cambiado es que el FC Barcelona no falla nunca a su cita con el gol. Son ya 44 partidos consecutivos marcando al menos un tanto, igualando un récord que data de la década de los 40, cuando el zaragozano Juan José Nogués dirigía al conjunto culé. Si ante el PSG los de Flick logran perforar la portería rival dicha marca quedará pulverizada, en lo que resultará otra evidencia de que la plantilla sigue enchufada y con un hambre voraz. Pero eso sí, si hay que defender que en el plano positivo poco o nada ha cambiado, también hay que denunciar que en el plano negativo idem de idem. Pocas pegas se le pueden encontrar a este equipo, pero el hecho de en el curso 25/26 siga abonado a las remontadas no es buena noticia.
Ante Levante, Oviedo y Real Sociedad tocó levantar un resultado adverso. En los tres casos la cosa terminó bien, pero jugar con fuego suele acabar irremediablemente en una buena quemadura. Es cierto que las lesiones y el calendario están obligando a Flick a repartir minutos, formando onces en ocasiones muy alejados de una alineación de gala, pero aun así, la sensación de que en esos tres choques el Barça tiró a la basura el primer tiempo es un hecho. Que en siete jornadas disputadas hayas ganado tres encuentros teniendo que remontar es un dato algo alarmante, que no supone un drama porque los tres puntos al final se acabaron sumando, pero de seguir así el equipo no siempre tendrá la finura necesaria para acabar dándole la vuelta a estas situaciones.
Es cierto que el cuadro culé se siente como pez en el agua con un resultado adverso. Nadie se pone nervioso, ni sobre el césped, ni en el banquillo, ni en la grada. Todos son conscientes de que el Barça tiene potencial suficiente para acabar ganando un partido que se haya puesto cuesta arriba. Pero no cuesta nada girar la cabeza y recordar lo sucedido ante el Inter, en una semis de Champions en las que el FC Barcelona empezó perdiendo 0 a 2 en Montjuic y 2 a 0 en Milán. Cerca estuvo de conseguir la machada, remontando en la ida para empatar a cuatro y cayendo en la vuelta cuando parecía que el billete para Múnich estaba sellado. Es así, jugar con fuego es uno de esos malos hábitos que no te traerán nada bueno, por mucho que los de Flick estén siendo capaces de remontar cuando empiezan perdiendo, de seguir así, tarde o temprano se acabarán quemando.