Un nuevo Clásico cayó del lado azulgrana en Yeda, otorgando a los de Hansi Flick el primer título de la temporada.
Revisando todos los Clásicos disputados en los últimos 18 meses, que no han sido pocos, uno rápidamente se percata de que para que el Barça muerda el polvo el Real Madrid tiene que haberlo superado con creces. Así sucedió en el último enfrentamiento liguero entre ambos disputado en el Bernabéu. Los de Xabi Alonso fueron netamente superiores a los de Flick, que llegaban al choque con numerosas bajas y en un momento ciertamente gris, alejados de la finura a la que nos tienen acostumbrados. Pero aun así, el resultado fue muy ajustado, con los blancos acabando el encuentro encerrados en su área y dando opciones a que los azulgranas empataran un partido en que estuvieron por debajo de su nivel.
Aquella fue la única victoria madridista en los últimos seis duelos entre ambos. El resto, dos choques donde el conjunto barcelonista vapuleó al eterno rival, con un 0 a 4 en competición doméstica y un 5 a 2 en la final de la Supercopa. Otros dos más igualados pero con un mismo desenlace, con un 4 a 3 en Montjuic para finiquitar la Liga y un 3 a 2 en la final de Copa de La Cartuja. Y, por último, el del pasado domingo en tierras saudíes, donde a pesar de la igualdad el triunfo acabó cayendo del mismo modo para el lado culé. La conclusión es evidente; cuando el Barça ha sido mejor ha goleado al Real Madrid, cuando ha habido igualdad las victorias también han sido azulgranas y solo cuando los blancos han sido superiores han logrado doblegar, por la mínima y pidiendo la hora, a los pupilos de Flick.
El FC Barcelona está basando su éxito, tanto en los Clásicos como en el resto de encuentros, en un conjunto de virtudes. Es un equipo joven, con una base de canteranos que sienten los colores y que vienen mamando barcelonismo casi desde la cuna. Eso hace que al enfrentarse al Real Madrid nazca de manera natural en el grupo una motivación extra. También es un equipo con hambre, que sabe que están haciendo las cosas bien y que tiene la espina clavada de lo sucedido en las pasadas semis de Champions, lo que provoca que la intensidad sea un factor omnipresente en todos sus partidos. Y, por último, es un conjunto tremendamente comprometido. Bajo ningún concepto se escatima algún esfuerzo. Van todos a una y siguen al pie de la letra las directrices de su entrenador, vaciándose en cada partido para garantizar, como mínimo, que el rival de turno deberá sudar de lo lindo para doblegarlos.
Dichas características, en conjunto, han elaborado un Barça ganador. Un equipo que logró la temporada pasada un triplete nacional y que ha sumado, también, el primer trofeo en juego de la presente campaña. En los cuatro títulos el rival superado siempre ha sido el mismo, un Real Madrid que, de la mano de Kylian Mbappé, estaba destinado a dominar con puño de hierro el fútbol europeo. Ahora, ese mismo equipo se desespera ante la incapacidad por superar a un FC Barcelona más joven, más hambriento y más comprometido que ellos. Hay que seguir por el mismo camino. Larga vida a Flick y los suyos.