La impotencia de no haber aprendido la lección

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Written by Albert Artasona

abril 16, 2026

Por segundo año consecutivo el Barça cae eliminado en Champions habiendo sido superior a su rival.

En breve hará un año de la triste noche del Giuseppe Meazza. El FC Barcelona logró reponerse a un mal comienzo de partido, y con un juego coral a la par que vistoso remontó un dos a cero en contra para quedarse a un suspiro de la final de Champions. Pero no cerró la gesta. Tenía al Inter tocado, por no decir hundido, sin fuerzas para intentar un último arreón y volver a igualar el cruce, hasta que aparecieron los dos grandes enemigos de este equipo; la fragilidad defensiva y la inefectividad cara a puerta. Los italianos anotaron dos goles con la inestimable ayuda de la zaga culé. Y las acciones que generó el conjunto azulgrana hasta el pitido final no acabaron dentro del marco nerazzurri.

Algo muy similar sucedió el martes en el Metropolitano. Los de Flick realizaron la gesta de levantar un 0 a 2 en contra, con un inicio de partido que se recordará durante mucho tiempo. El coliseo rojiblanco enmudeció, viendo atónito como la ventaja que traían los suyos de la ida se había esfumado en menos de 25 minutos. Pero de nuevo, cuando todo hacía presagiar que el Barça sería capaz de obrar el milagro, volvieron a aparecer los mismos malos vicios que hicieron llorar de impotencia al barcelonismo un año antes. Un tercer tanto hubiera sido decisivo para el devenir del encuentro y de la eliminatoria, pero este no llegó. Ni Olmo ni Fermín, en ocasiones clarísimas de gol, supieron superar a un Musso al que le bastó con hacerse grande. Falta de puntería que, una vez más, combinada con la flaqueza defensiva mostrada en el uno a dos, dieron alas al Atlético.

Con la eliminación confirmada, volvía a reinar en el seguidor culé esa misma sensación agridulce del año anterior. La de caer con orgullo y la cabeza bien alta por el juego y el pundonor mostrados, pero también la tremenda impotencia que genera quedarse fuera habiendo sido mejor que el rival. Porque lo del Metropolitano confirma que no se aprendió la lección. Flick, el día del Inter, en rueda de prensa postpartido, dijo que el equipo era muy joven y que debían aprender de lo sucedido. La sensación que quedó el martes en Madrid fue la de que el tiempo transcurrido entre ambas noches no había servido de mucho, ya que a pesar del teórico aprendizaje que había de por medio, la eliminación y el cómo esta se dio acabaron siendo las mismas.

Aquí el claro objetivo es que en 365 días no vuelva a suceder lo mismo. Que en la Champions 2026/27, en caso de alcanzar las rondas finales, el equipo sepa matar los encuentros cuando esté en disposición de ello. Y sepa también replegar a nivel defensivo, para no quedarse con 10 en partidos tan importantes, ni tampoco regalar acciones de uno contra uno ante Joan García que dan vida a rivales que están moribundos. Para ello harán falta fichajes en verano, si es que la dichosa regla del 1:1 lo permite de una vez. Y también la mano de Flick, quien a pesar de los magníficos resultados cosechados a nivel general, desespera a más de uno con su táctica suicida a nivel defensivo.

Si a la llegada del técnico germano a Can Barça nos dicen que en dos temporadas se conquistarían dos ligas, un Copa del Rey y dos Supercopas se hubiera firmado con los ojos cerrados, pero la impotencia de no haber aprendido la lección en Champions es ahora demasiado dolorosa como para otorgarle el mérito correspondiente. Una vez digerido el duro golpe, volveremos a ser conscientes de lo que se está logrando . Toca seguir aprendiendo de cara al próximo curso, pero esta vez que sea de verdad.