El técnico alemán está cansado de esperar una reacción y ya no contempla darle más oportunidades
Hans-Dieter Flick llegó al FC Barcelona con la etiqueta de entrenador exigente, y el tiempo le ha dado la razón. Ha demostrado tener mano firme para recuperar a futbolistas en decadencia, como Ferran Torres o Jules Koundé, que hoy son piezas muy útiles. Pero también ha dejado claro que no piensa dar oportunidades a quienes no cumplen dentro y fuera del campo.
El caso más llamativo en esta dirección es el de un jugador que hace no mucho era visto como la gran esperanza de La Masia. Su irrupción temprana ilusionó a toda la afición culé, que veía en él al sucesor natural de Leo Messi. Sin embargo, las lesiones, la falta de continuidad y una vida privada alejada de la profesionalidad han acabado por hundirle.
Flick confiaba en poder devolverle a la élite, como ya había hecho con otros. Sin embargo, se topó con la dura realidad: no hay disciplina, no hay evolución y la paciencia está totalmente agotada. Hoy en el Barça lo tienen muy claro: no volverá a tener sitio en el Camp Nou.
Un préstamo sin resultados
La última cesión debía servirle como revulsivo para reencontrarse con el fútbol y demostrar que podía renacer. Sin embargo, la operación ha sido un absoluto fracaso, hasta el punto de que su entrenador actual ni siquiera ha contado con él. Desde el primer día, las dudas sobre su estado físico y compromiso quedaron demasiado evidentes.
La entidad que lo acogió esperaba encontrar en él a un atacante diferencial, capaz de marcar diferencias en su liga. Lo que encontraron fue a un jugador sin ritmo, sin intensidad y con una evidente falta de profesionalidad. En consecuencia, no ha debutado ni en encuentros oficiales ni en los amistosos de preparación.
Esa falta de minutos refleja la desconfianza total que existe ahora mismo alrededor de su figura. Y la situación recuerda inevitablemente a etapas pasadas en el Barça, donde nunca acabó de convencer en sus últimos cursos. Las alarmas se han vuelto a encender y, por primera vez, en el club reconocen que su ciclo está terminado.
El enfado de Flick
Lo que más indigna a Flick no es únicamente la falta de rendimiento deportivo, sino lo que ocurre fuera del césped. Se ha comentado en múltiples ocasiones que su vida personal no es la de un profesional de élite. Las continuas salidas nocturnas y el descuido de su estado físico lo han condenado definitivamente.
El entrenador alemán ya lo defendió en su momento, apostando por darle una segunda oportunidad en la plantilla. Pensaba que, con trabajo específico y un plan a medida, podría recuperar el nivel que alguna vez mostró en el Barça. Hoy, sin embargo, reconoce que se equivocó y ha comunicado a la directiva que no cuenta con él.
La decepción ha sido enorme en la cúpula del club, que llegó a rechazar ofertas en su momento. Pero el paso de los meses y la falta de compromiso no han hecho más que confirmar que Flick tenía razón. El tiempo de este jugador en Barcelona se ha agotado y ya solo queda buscar una salida definitiva.
Camino a un nuevo destino
En el Barça la decisión es firme: Ansu Fati no volverá a vestir de azulgrana tras esta cesión fallida. Cuando regrese, lo primero será buscar una venta inmediata para recuperar lo que se pueda de la inversión realizada. Ya no hay confianza en que pueda revalorizarse ni tampoco paciencia para seguir esperando un milagro.
Por eso, la dirección deportiva se ha puesto en contacto con varios clubes que podrían estar interesados en apostar por él. El objetivo es evitar una rescisión de contrato y cerrar una operación que sea beneficiosa para todas las partes. En este escenario, el equipo que más fuerza está haciendo para llevárselo es el Sevilla.
En el Sánchez-Pizjuán lo ven como una oportunidad de mercado y confían en que, con menos presión, pueda rendir. Para el Barça, en cambio, la operación significaría pasar página de manera definitiva. Flick no quiere volver a verle en la plantilla, y su futuro inmediato apunta a Andalucía.