En el FC Barcelona todo parece estar en orden de puertas hacia afuera. El equipo rinde, los resultados acompañan y el proyecto con Hansi Flick al frente se consolida. Pero no todos están satisfechos.
Dentro del vestuario crece un malestar que empieza a hacerse notar. Algunos jugadores jóvenes, con potencial y actitud, sienten que no cuentan para el técnico. Y lo que empezó como simple frustración, ya es un problema que se comenta entre bastidores.

Sin minutos ni confianza
La queja principal no es solo la falta de minutos, va más allá. Lo que molesta es el doble discurso: recibir elogios por parte del cuerpo técnico, pero no ver ni un solo minuto de juego. Ni en partidos sentenciados, ni cuando hay lesiones o sanciones.
Los afectados entrenan a diario con compromiso y actitud, esperando una oportunidad que nunca llega. Y esa espera se ha vuelto insoportable para algunos, que han perdido la paciencia. Empiezan a sentir que están perdiendo un año clave para su carrera.

Desde el principio, Flick ha apostado por un grupo muy definido de jugadores. Confía casi siempre en los mismos, dejando poco margen a la rotación o a las sorpresas. Si un futbolista no entra en sus planes desde el inicio, rara vez lo consigue después.
Esta política de “bloque cerrado” ha dejado fuera a jóvenes que, por rendimiento o potencial, podrían haber tenido más protagonismo. La gestión del técnico alemán ha sido efectiva en lo colectivo, pero genera dudas en cuanto al trato individual.

Promesas ignoradas
En las últimas semanas, el ambiente se ha cargado entre algunos de los menos habituales. No han alzado la voz públicamente, pero sí lo han hecho dentro del club. Han trasladado su malestar a la dirección deportiva, que ya estudia posibles soluciones para el verano.
A diferencia de otros jóvenes como Lamine Yamal o Cubarsí, que sí han recibido confianza y minutos, hay jugadores que se sienten completamente ignorados. Y la diferencia de trato es, según su entorno, “injustificada”.

Desde los despachos se sigue de cerca la situación. Deco es consciente del problema, y aunque respeta las decisiones deportivas de Flick, no quiere perder a talentos que podrían tener futuro en el club. Si no se les da hueco, podrían acabar saliendo.
No se descartan cesiones o incluso traspasos si la situación no mejora. Lo que está claro es que el Barça no puede permitirse seguir ignorando a jugadores que están comprometidos y con ganas de aportar. Especialmente si el club ha invertido en su formación.

Tres nombres que dicen basta
Hasta ahora, el único caso que había trascendido era el de Ansu Fati, cuya situación ya es conocida por todos. Ha pasado de ser la gran esperanza del club a no contar absolutamente nada para el entrenador. Y aunque Flick le avisó en diciembre, el jugador sigue esperando un gesto que no llega.

Pero hay otros dos nombres que también están hartos del trato recibido. El primero es Pablo Torre, mediocampista creativo que apenas ha contado desde la llegada del técnico. Y el segundo es Pau Víctor, delantero que brilló en pretemporada, pero que ha sido completamente olvidado durante la temporada.
Los tres comparten una misma sensación: no se les valora ni se les da una opción real. Y si la situación no cambia, ya han dejado claro que no quieren repetir otro año igual.