El equipo azulgrana confirma la enorme mejora desde la llegada de Xavi Pascual
Viernes por la noche y el feudo blaugrana recibía a tres personajes que han lucido sus colores. Por una parte, los jugadores Nick Calathes y Jabari Parker. Ambos soldados de peso, son de los jugadores mejor considerados en la crítica del basket europeo. Pese a ello, no están viviendo su etapa más dulce esta temporada en el Partizan, que se encuentra último en la tabla de la competición continental y con una situación compleja desde la dimisión de la leyenda del club Obradovic. La directiva serbia creyó que, tras la marcha de su ídolo, la mejor opción en el mercado era el exblaugrana Peñarroya, que aquella noche defendía la posición del visitante en la que, hace tan solo dos meses largos, era su casa. El de Terrassa no dio los mínimos que merece la posición de entrenador culer y, tras su destitución, el club renació con la marca Pascual. Se iban a enfrentar las dos ideas en un encuentro dónde el local era el claro favorito.
El Barça navegó en un barco errante durante los primeros minutos de partido. Los locales salieron al trote, sin resolver de manera eficaz las largas posesiones en ataque. En el otro lado de la cancha, el Partizan tiró de talento individual para empezar con gracia. Parker y Calathes, antes citados, lideraban los ataques de los suyos de manera solvente. Pascual se vio forzado a pedir un tiempo muerto a falta de seis minutos para oír el ruido de la bocina. La entrada de Shengelia en el tiempo muerto, con un buen triple, fue importante para no desligarse del marcador en el inicio del match. El georgiano se iba a emparejar con Jabari, en un duelo de viejos sabios, con largo recorrido en distintas canchas del mundo. Los minutos transcurrieron en un mal cuarto culer, que ponía el listón bajo para superarse en lo que quedaba de partido. Tras una pésima gestión de las últimas posesiones ofensivas, el Partizan se alejaba a siete puntos de distancia (13-20).
Los de casa se recuperaron rápidamente en un minuto. Siete puntos a cero —todos pasaron por las manos geniales de Laprovittola— pusieron el empate en el marcador (20-20).
El cuarto, desde el empate, fue igualado. Pasaban los minutos con buenas defensas y un bajo nivel de anotación. Pequeños destellos de grandes talentos como Washington y Shengelia eran la luz en pista que dinamizó el bajo rendimiento ofensivo que se vio en ambos equipos. Falto de espectacularidad, los diez minutos pasaron sin sobresaltos en un toma y daca de ventajas cortas, que culminó en un último minuto en que el Barça fue ligeramente superior y se puso por delante de los de Peñarroya. Los de casa puntuaban bien en la zona, aunque les faltó acierto desde el triple. El Partizan, en cambio, no ofreció su mejor cara en ataque. Dos buenos tiros libres de Kevin Punter colocaban a los suyos seis puntos por arriba en el descanso, después de oponerse con consistencia a su rival en un segundo cuarto flojo (41-35).
Después del descanso, los de casa salieron más entonados. Miles Norris anotó cinco puntos en dos posesiones consecutivas delante del banquillo de Peñarroya, mostrándole que tal vez su nivel daba para más minutos de los que el egarense le asignaba. Después de otro parcial de 7-0, el Partizan conectó desde el perímetro y desde la zona para recortar distancias (49-40). El Barça no se despistó y en una gran recuperación, Punter daba el alley-oop y Parra machacaba para levantar a su afición.
Pese a ello, el partido no estaba siendo ni el más espectacular ni el más brillante. El equipo desprendía una sensación de seguridad y solidez muy difícil de romper, con los jugadores corriendo por la senda de la dinámica positiva inquebrantable. El Partizan no encontraba el ritmo porque el Barça no cedía. El calendario exigente era un obstáculo para los de Barcelona que se sorteaba con la confianza en el equipo y en la filosofía de juego. Me repito, pero tras un cuarto poco vistoso, como lo fue todo el partido, el Barça se ponía hasta 12 puntos por arriba marchando con digna firmeza hasta el final del partido (62-50).
Y el Barça resolvió el match fácilmente en los últimos diez minutos. Un encuentro sin sobresaltos, a velocidad de crucero. La consistencia que muestra el equipo blaugrana es digna de admiración. Pese a que el equipo visitante atraviesa una mala racha, los jugadores serbios son de alto nivel y estan dirigidos por un entrenador que prioriza el rendimiento ofensivo. Pero desde el segundo cuarto no pudieron causar sensación de peligro alguna a los de casa, que se situaban, después de dos meses con Pascual, entre los mejores equipos de Europa. Unos tiros libres de Willy Hernangómez situaban al Barça 18 arriba y cerraban el fácil partido (88-70).