El Barça, superior al Andorra, consigue una victoria importante para no descolgarse de la clasificación para la Copa del Rey.
El Barça empezó el partido relajado, poco tenso, tal vez cansado aún del último partido (5-9). Pero, con el acierto de cuatro triples, el equipo conseguía igualar el luminoso, pese a que el Andorra, más concentrado que el Barça, recogía buenas sensaciones y, con orgullo, defendía su resultado. Un conocido Kyle Kuric recibió el cariño de la que fue su afición al inicio del match. El norteamericano firmó un buen cuarto, pese a que cuando sonó la primera de las cuatro bocinas ya iban los locales por delante (16-14). Los domingos por la tarde el tiempo entra en una dimensión distinta. Se ralentizan tanto conciencias como materias para entrar en un bucle denso pero plácido. Si el día se presenta apacible, el espacio se vuelve tranquilo y las almas se relajan. Bailan al compás lento del ritmo del día. Aun así, al pisar el Palau, espacio atemporal, el frenetismo de la pista enciende otra vez a los deportistas. Se les exige seguir la rapidez del balón con la misma intensidad que la que grita el aro inmóvil, esperando recibir balones en su red.
El segundo cuarto fue distinto. Los equipos supieron condensar mejor su efectividad ofensiva y superar las defensas intensas de ambos conjuntos. Los culers seguían con las defensas activas y móviles características del nuevo Barça de Pascual, que se mueven como un ente que atosiga y asfixia al rival. Es digno de mención subrayar cómo ha virado el rendimiento defensivo de los de Barcelona desde la llegada de su nuevo entrenador. Con Peñarroya se concedían muchos puntos en defensas poco intensas y sin coherencia con las características de los jugadores del roster. Pascual ha creado un sistema efectivo que encadena victorias y demuestra que el tiempo dejado atrás este año es tiempo perdido en lo que a lo deportivo se refiere. Los locales, durante los últimos dos minutos, exigieron mucho más a los del Principat y consiguieron conrear una ventaja que les daba aire en el descanso, con buenos minutos de Clyburn y Parra (38-30).
El partido, hasta el momento, era espeso y sólido, con defensas muy activas y poca anotación. El tercer cuarto auguraba lo mismo. Estaba siendo un encuentro físico, donde el choque era constante y dificultaba la fluidez en el juego, que encontraba la luz en los triples de Clyburn o en las individualidades de Parra. Pese a esto, el Barça sabía que su responsabilidad era ganar el encuentro. Se afincó en la rudeza del partido y, con movimientos inteligentes, orquestó un tercer cuarto realmente efectivo que le permitió ganar una larga ventaja en el marcador y dejar el partido bastante encarado hacia la victoria. De la gran noche en Belgrado pasamos a una tarde que no apetece al deportista de élite. Un equipo demuestra su grandeza con el compromiso humilde en la pista, cuando todos los partidos tienen el mismo peso y los jugadores sienten el deber de ganarlos.
Y en el tercer cuarto, el Barça anotó 35 puntos frente a los 23 anotados por el rival. El conjunto azulgrana terminaba el periodo yéndose a los últimos minutos del partido con 22 puntos de ventaja, en un encuentro que ya tenía en el bolsillo (78-56).
El Barça finalizó el partido con un gran último cuarto. Muy superior al Andorra en la segunda parte, el Barça conseguía una victoria importante para no descolgarse de la clasificación para la Copa del Rey. Los locales firmaron un cuarto de alta anotación y hasta tuvo minutos Kusturica, el serbio nacido en 2009 que demuestra potencial en la Masia. El Barça superó la barrera de los 100 puntos y se llevó la victoria ante el Andorra.