El jugador de Rocafonda no esperaba el nivel que ha dado un futbolista
El Barça vivió una noche redonda ante el Valencia con un contundente 6-0 en la cuarta jornada de LaLiga. Un triunfo que llega después del empate en Vallecas, donde el equipo de Hansi Flick había dejado dudas en cuanto a intensidad. Esta vez no hubo debate: el Barça dominó de principio a fin y disipó cualquier fantasma del pasado reciente.
La baja de Lamine Yamal
La goleada tiene más mérito porque llegó sin Lamine Yamal. El jugador más determinante del equipo arrastra molestias en el pubis y Flick decidió no forzar. El delantero es la gran esperanza del club, el futbolista diferente que cambia partidos y que ya es el líder indiscutible del proyecto pese a su corta edad.
Su ausencia obligaba a otros compañeros a dar un paso al frente. Flick pedía valentía y desborde en la banda derecha, donde Lamine suele marcar diferencias, y el contexto parecía ideal para que apareciera un nuevo protagonista.
Victoria coral pese a la baja
El marcador refleja que el equipo no dependió de una sola figura. Pedri brilló en la creación, Fermín llegó al área con peligro y Lewandowski recuperó la puntería. El Barça mostró una versión coral que recuerda a los mejores momentos del curso pasado, cuando el triplete nacional se construyó desde la fortaleza colectiva.
Con o sin Lamine, Flick quiere un equipo que pueda competir en todos los frentes. Y ante el Valencia, la respuesta fue rotunda: goles, presión alta, verticalidad y contundencia en las áreas.
La oportunidad desaprovechada
Sin embargo, no todo fueron buenas noticias en lo individual. El lugar de Lamine Yamal en la banda derecha lo ocupó el fichaje veraniego llegado del Copenhague por dos millones de euros.
El partido era perfecto para mostrarse: rival superado, marcador a favor y un Johan entregado. Pero su rendimiento quedó muy lejos de lo esperado. Perdió balones fáciles, no encontró conexiones con Pedri ni con Ferran y apenas generó desequilibrio en los uno contra uno.
Desde el banquillo, Hansi Flick miraba con gesto serio cada pérdida de balón. El técnico alemán no es de regalar minutos: la competencia es máxima y quien no aprovecha las oportunidades puede caer rápidamente en la rotación.
En la grada, Lamine Yamal seguía el partido junto al resto de lesionados. Sabe que el equipo le necesita y que, mientras él no esté, quien ocupe su lugar debe rendir a la altura. Y eso, al menos de momento, no ha ocurrido.
Un aviso para el futuro
La lectura interna es que hay talento, hay potencial, pero el salto exige regularidad, concentración y rendimiento inmediato. En el Barça actual no hay tiempo para largas adaptaciones. Los títulos se deciden en primavera, y Flick necesita alternativas fiables ya en otoño.
El resultado final no tapa la sensación de oportunidad perdida. En un 6-0, con el equipo volando y la afición disfrutando, el partido pedía brillo individual para acompañar la goleada colectiva.
Según la información que circula dentro del vestuario, el propio Lamine Yamal está decepcionado. Cree que su sustituto tiene condiciones para hacerlo mucho mejor, pero la realidad es que el partido ante el Valencia deja más dudas que certezas.
El jugador en cuestión, fichado este verano por 2 millones del Copenhague y que dejó mucho que desear en la banda derecha, es Roony Bardhgji.